La Plataforma en Defensa de la Pesca y de los Ecosistemas Marinos denuncia que el informe presentado por Ocean Winds en el WindEurope Annual Event 2026, titulado Floating Offshore Wind & Biodiversity Coexistence, sobre el parque eólico flotante WindFloat Atlantic (Viana do Castelo, Portugal), constituye un ejercicio de propaganda empresarial disfrazado de ciencia.
El estudio, encargado y financiado por la propia empresa promotora y elaborado por una consultora contratada a tal efecto (Blue Grid), concluye que el parque actúa como «refugio para peces y pulpos» y que no ha alterado el equilibrio del ecosistema. Es un informe de parte que no ha sido sometido a revisión por pares y cuyas conclusiones no resisten el contraste con la literatura científica independiente.
No se discute que una estructura sumergida atraiga fauna marina: eso ocurre con cualquier objeto hundido, desde un pecio hasta un espigón portuario.
Lo que resulta demagógico y científicamente inaceptable es extrapolar ese fenómeno para afirmar que un parque eólico industrial es beneficioso para el ecosistema marino. Más aún cuando el propio informe reconoce que «la variabilidad natural estacional e interanual es el principal factor que condiciona la evolución de las comunidades marinas», lo que invalida la atribución causal al parque de los cambios observados. Se pretende convertir una correlación débil —en un proyecto piloto de apenas 25 MW y tres aerogeneradores— en una verdad científica universal aplicable a despliegues de miles de MW.
Frente a esta operación de marketing, la mejor ciencia disponible dice exactamente lo contrario. El investigador Josep Lloret (Institut de Ciències del Mar, ICM-CSIC), en un trabajo publicado en Marine Pollution Bulletin (2025) —revista indexada con revisión por pares—, advierte que los parques eólicos marinos no deben considerarse, como regla general, una herramienta de conservación de la biodiversidad ni un «área marina protegida de facto», y propone el principio NIMPA (Not In Marine Protected Areas).
El trabajo concluye indicando que los posibles efectos positivos locales dependen mucho del contexto y que los impactos netos sobre la biodiversidad y los servicios ecosistémicos siguen siendo inciertos, especialmente en el caso de la tecnología flotante. Trabajos anteriores del mismo equipo, publicados en Science of the Total Environment (2022) e ICES Journal of Marine Science (2025), refuerzan esta conclusión: los parques eólicos marinos plantean riesgos ambientales serios y los modelos del Mar del Norte no son trasladables a otras cuencas.
La diferencia entre ambos trabajos es abismal. Uno es un estudio pagado por quien tiene interés comercial directo en el resultado; el otro, investigación pública, independiente y sometida al escrutinio de la comunidad científica internacional.
«Cuando una empresa paga un estudio para concluir que su negocio es bueno para la naturaleza, eso no es ciencia: es publicidad, y si las administraciones lo asumen acríticamente, eso no es planificación, es sencilammente complicidad. Los pescadores exigimos que las decisiones sobre nuestro mar se tomen con ciencia real, no con informes a medida.


