La merluza europea (Merluccius merluccius), icono de la gastronomía gallega y recurso marino de alto valor comercial, acaba de protagonizar un avance científico de gran relevancia. Un equipo de investigación compuesto por personal de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), el Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC), el Instituto Español de Oceanografía (IEO) y el Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG) ha logrado identificar el mecanismo genético que determina el sexo de esta especie, un conocimiento crucial para su conservación y gestión en un escenario de cambio climático.
La merluza habita en un extenso territorio que va desde las costas de Noruega hasta el golfo de Guinea, incluyendo también el mar Mediterráneo. Sin embargo, décadas de pesca intensiva han llevado a su sobreexplotación. En este contexto, conocer en profundidad su biología reproductiva representa un paso clave hacia una pesca más sostenible.
El estudio, publicado en la revista G3: Genes | Genomes | Genetics de Oxford Academic, detalla cómo los investigadores ensamblaron el genoma completo de la merluza, distribuido en sus 21 cromosomas y con un tamaño de 715 millones de bases. En total, se identificaron 26.625 genes codificantes de proteínas, una cifra elevada para una especie cuyo genoma es cuatro veces menor que el humano, pero con casi el mismo número de cromosomas.
La merluza es una especie gonocorista, es decir, con machos y hembras diferenciados. Esta diferencia se manifiesta también en el tamaño, ya que las hembras suelen alcanzar mayores dimensiones.
A diferencia de mamíferos o aves, en los peces la determinación del sexo puede depender de múltiples factores, tanto genéticos como ambientales, como la temperatura o el contexto social. Hasta la fecha, se han identificado 27 genes diferentes implicados en este proceso. En el caso de la merluza, la clave se encontró en una región concreta del cromosoma 9, próxima al gen sox3, homólogo del SRY en mamíferos.
La comparación del ADN de cinco machos y cinco hembras permitió detectar variaciones genéticas específicas: los machos eran heterocigotos (con dos versiones distintas de un gen) y las hembras homocigotas (con dos copias iguales). Este patrón confirma un sistema de determinación sexual del tipo XX/XY, como el de los seres humanos.


