Pescadores de redes para unos océanos sostenibles. Artículo de opinión.

20 de abril de 2020

Una de las imágenes por las que sin duda será recordado 2019 es la de la isla de plásticos hallada por una expedición científica de Greenpeace en el mar de los Sargazos, en el Triángulo de las Bermudas. Imágenes como esta suponen un golpe de realidad y, también, de concienciación sobre un problema, el de las basuras marinas, de graves consecuencias para la salud de nuestros mares y la nuestra propia. Una problemática a la que tratamos de poner solución desde nuestro sector, mediante la recogida selectiva y reciclaje de residuos como pueden ser las artes de pesca.

 

En concreto, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) cifra en unos 13 millones las toneladas de plástico que acaban en mares y océanos cada año, el equivalente a vaciar un camión de basura cada minuto. Y entre esos miles de toneladas la propia FAO estima que alrededor de 640.000 corresponden a redes y aparejos de pesca perdidos, desechados o abandonados en los fondos marinos de todo el mundo. Aunque en peso supongan menos de un 5% de todos los desechos marinos, estos pueden ser especialmente dañinos por el efecto de “pesca fantasma”.

Sobra decir que la principal amenaza de la pesca fantasma es que es indiscriminada y que afecta a toda la fauna marina, incluidas las aves. De hecho, según la Global Ghost Gear Initiative (GGGI), más del 40 % de los mamíferos marinos, incluidas especies en peligro de extinción, y entre el 5 % y el 30 % de las poblaciones de peces, se han visto afectadas por estas “redes fantasma” a la deriva en todo el mundo, bien al enredarse o al ingerir estos residuos.

 

Además, numerosos estudios muestran que algunos tipos de aparejos de plástico pueden permanecer en el medio ambiente marino hasta 600 años, con un daño persistente para el entorno, antes de finalmente descomponerse en microplásticos y terminar en la cadena alimentaria.

 

Afortunadamente, la mayoría de las flotas, todas aquellas que respetan la legalidad, se han convertido en los mejores administradores y protectores de los océanos y sus recursos, por tratarse, no sólo de su entorno de trabajo, sino también para impulsar la economía y la prosperidad de muchos países, entre ellos aquellos en vías de desarrollo y altamente dependientes de la pesca, y proveer un alimento esencial de nuestra dieta como es el pescado.

 

Por ello, desde Satlink y en calidad de partner del sector pesquero como suministrador de sistemas de telecomunicaciones vía satélite, hemos decidido trabajar activamente con la comunidad pesquera chilena para ofrecer una opción viable para las artes de pesca al final de su vida útil, y contribuir así a la protección y a la sostenibilidad de los océanos en materia de contaminación marina, seguridad marítima, economía azul sostenible, gestión pesquera y cambio climático.

 

Por un “Impacto Cero” de la pesca fantasma

 

Así, con el objetivo de reducir esta huella plástica que supone la pesca fantasma, en la conferencia Our Ocean 2018 nos comprometimos a recoger y reciclar 100.000 kilos de estos residuos procedente de las redes de pesca empleadas por las flotas comerciales y artesanales que operan en aguas de Chile. Para lograrlo, nos embarcamos, nunca mejor dicho, en la campaña “Impacto Cero”, puesta en marcha en el marco del proyecto Net100-Net+Positiva, con la colaboración de la ONG World Animal Protection y la empresa chilena de reciclaje Bureo.

 

El punto fuerte de esta iniciativa es, sin duda, el compromiso y la alta implicación de más de 15 comunidades pesqueras artesanales en la recolección de estas redes en desuso, lo que nos ha permitido alcanzar el objetivo marcado seis meses antes de lo previsto. Ello se ha debido a que, además de al cuidado de su medio de vida, el mar, ‘Impacto Cero’ ha contribuido al desarrollo socioeconómico y a la creación de empleo en estas zonas, al recompensar la recogida de 1 kilo de redes fantasma con, aproximadamente, 150 pesos, dependiendo de su tipología.

 

Una vez alcanzado un acopio considerable, las redes son transportadas al centro de recogida regional de Bureo, donde son clasificadas, limpiadas, embaladas y enviadas a gestores encargados de tratarlas, moldeándolas y triturándolas para facilitar su reutilización en la elaboración de otros productos como gafas o patinetes.

 

En definitiva, un proyecto que nos ha permitido contribuir a la transformación de un residuo dañino en un recurso que se ha convertido en, por ejemplo, un monopatín, en cuya fabricación se han empleado aproximadamente 6 metros cuadrados de redes recicladas (alrededor de un kilo) y que es comercializado en Estados Unidos y otros países de Asia y Europa.

 

Además, los beneficios obtenidos por Bureo a partir de los materiales reciclados se han dedicado a financiar diversas iniciativas sociales, entre ellas dos proyectos de educación ambiental en escuelas de primaria, incluida la instalación en estos centros de contenedores para recogida de residuos.

 

En definitiva, una iniciativa satisfactoria, que ha ganado el reconocimiento internacional con el segundo puesto en los Premios Latinoamérica Verde 2019, y con la que hemos dado un paso decidido para contribuir a preservar y usar de forma sostenible un entorno del que depende no solo el futuro de los pescadores sino de todos los habitantes de nuestro planeta.

 

Kathryn Gavira, directora del departamento científico de Satlink