Los efectos del cambio climático en Galicia han generado para la pesca artesanal una adaptación más activa, mientras el marisqueo a pie es especialmente vulnerable y con menor capacidad de respuesta, según las conclusiones divulgadas este martes por investigadores de la Universidad de Vigo (UVigo).
El equipo del proyecto Atac (adaptación y transformación de la pesca artesanal al cambio climático), liderado por un grupo de investigación de la Universidad de Vigo, pretende identificar los factores que explican por qué unos sistemas de pesca artesanal consiguen adaptarse mejor que otros al cambio climático.
Los investigadores analizaron las percepciones de los profesionales, sus capacidades de adaptación y las estructuras organizativas y de toma de decisiones.
La comparación de datos de 2018 y 2025 muestra una evolución en la manera en que el sector afronta el cambio climático y, en términos generales, disminuye la intención de abandonar la actividad entre los profesionales y aumenta la disposición a buscar alternativas para mantenerla, mientras aumentan estrategias como la incorporación de nuevas artes de pesca, cambio de zonas o búsqueda de nuevas especies objetivo.
Entre los impactos más señalados por los profesionales están el desplazamiento de los recursos hacia zonas más profundas o alejadas de la costa, la mortalidad masiva de especies y cambios en las temporadas de recolección, a lo que se suman el aumento de la temperatura del agua, las variaciones en las precipitaciones y en los temporales, la presencia de especies invasoras o las alteraciones en las mareas rojas.
En comparación con lo anticipado en 2018, la respuesta ante los cambios reales es hoy más activa y el estudio detecta una mayor flexibilidad para diversificar artes, especies o fuentes de ingresos, pero también una menor capacidad de decisión sobre el futuro y una pérdida de comunicación y confianza.
El marisqueo a pie presenta una situación especialmente vulnerable y una menor capacidad de respuesta, al ser uno de los sectores más expuestos a las mortalidades masivas registradas en los últimos años y contar, en general, con ingresos más bajos y menos posibilidades de diversificación.
La evolución de las descargas de sus principales recursos da cuenta de esta situación: las capturas de almeja fina, rubia y japónica, y las de berberecho, pasaron de unos 7,9 millones de kilos en 2019 a alrededor de 1,4 millones en 2024, una caída que, según los investigadores, evidencia la presión sobre un sector con una elevada dependencia económica de estos recursos y pocas alternativas para compensar su pérdida.
El estudio identifica además una mayor percepción de desigualdad y una menor capacidad de participar en la toma de decisiones, factores que contribuyen a aumentar la vulnerabilidad del marisqueo a pie ante los cambios.
Los impactos no son solo ambientales, ya que el cambio climático está teniendo también consecuencias económicas y sociales para los profesionales, entre ellas una reducción de los días de pesca, el aumento de los costes, una disminución de los ingresos o mayores niveles de estrés e incertidumbre.
Ante este escenario, los profesionales sugieren mejorar la gestión adaptativa de los recursos, reforzar su participación en la toma de decisiones, garantizar la viabilidad económica de la pesca y el marisqueo, ampliar las oportunidades de formación y conocimiento y avanzar en la recuperación ambiental de las rías gallegas.
Los resultados apuntan igualmente a la necesidad de mejorar la comunicación y la confianza entre los sectores y la Administración pública y adaptar las respuestas a las necesidades específicas de cada actividad.


